"Una sonrisa enriquece a quien la recibe, y no empobrece a quien la da."

viernes, 21 de octubre de 2011

Carta al juez del Olmo


Carta urgente al impagable juez Del Olmo


"Estimado juez Del Olmo: Espero que al recibo de la presente esté usted bien
de salud y con las neuronas en perfecto estado de alerta como es habitual en
Su Señoría…

… El motivo de esta misiva no es otro que el de solicitarle amparo judicial
ante una injusticia cometida en la persona de mi tía abuela *Felicitas* y
que me tiene un tanto preocupada. Paso a exponerle los hechos:

Esta mañana mi tía abuela *Felicitas* y servidora nos hemos cruzado en el
garaje con un sujeto bastante cafre que goza de una merecida impopularidad
entre la comunidad de vecinos. Animada por la última sentencia de su
cosecha, que le ha hecho comprender la utilidad de la palabra como vehículo
para limar asperezas, y echando mano a la riqueza semántica de nuestra
querida lengua castellana, mi querida tía abuela, mujer locuaz donde las
haya, le ha saludado con un jovial "que te den, cabrito".

Como una hidra, oiga. De poco me ha servido explicarle que la buena de
la tía abuela lo decía en el sentido de alabar sus grandes dotes como
trepador de riscos, y que en estas épocas de recortes a espuertas, desear a
alguien que le den algo es la expresión de un deseo de buena voluntad. El
sujeto, entre espumarajos, nos ha soltado unos cuantos vocablos, que no sé
si eran insultos o piropos porque no ha especificado a cuál de sus múltiples
acepciones se refería, y ha enfilado hacia la comisaría más cercana haciendo
oídos sordos a mis razonamientos, que no son otros que los suyos de usted, y
a los de la tía abuela, que le despedía señalando hacia arriba con el dedo
corazón de su mano derecha con la evidente intención de saber hacia donde
soplaba el viento.

Como tengo la esperanza de que la denuncia que sin duda está intentando
colocar esa hiena -en el sentido de que es un hombre de sonrisa fácil-
llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por favor, que intente mediar
en este asunto explicándole al asno -expresado con la intención de destacar
que es hombre tozudo, a la par que trabajador- de mi vecino lo de que las
palabras no siempre significan lo que significan, y le muestre de primera
mano esa magnífica sentencia suya en la que determina que llamar *zorra* a
una mujer es asumible siempre y cuando se diga en su acepción de *mujer
astuta*.

Sé que es usted un porcino -dicho con el ánimo de remarcar que todo en su
señoría son recursos aprovechables- y que como tal, pondrá todo lo que esté
de su mano para que mi vecino y otros carroñeros como él -dicho en el
sentido de que son personas que se comen los filetes una vez muerta la vaca
- entren por el aro y comprendan que basta un poco de buena voluntad, como
la de mi tía abuela *Felicitas*, para transformar las agrias discusiones a
gritos en educados intercambios de descripciones, tal y como determina usted
en su sentencia, convirtiendo así el mundo en un lugar mucho más agradable.

Sin más, y agradeciéndole de antemano su atención, se despide atentamente,
una víbora (evidentemente, en el sentido de ponerme a sus pies y a los de su
señora)."


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